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Caballito de mar

Nombre del autor

Montserrat Serramiá

Información biográfica

Soy la mujer que hubiera querido ser cuando era una niña. Orgullosa mamá y líder de mi proyecto de vida. Nacida en el cono sur, hija de catalanes e independentista, y mexicana por elección.

Los valores son como las matemáticas, no se aprenden con la teoría, se aprende con la práctica.

Artículos

¡Como brincar un río de un salto!

Hace algunos años participé en una reunión en la que mujeres empresarias tratábamos de tomar decisiones de interés común. Claramente habían dos grupos, las integrantes a nivel nacional y responsables legítimamente de cualquier consecuencia y las organizadoras del evento, que si bien eran de la misma organización, se enfocaban exclusivamente al éxito del evento.

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La fuerza de carácter

Hace unos días vi el documental: “Las 3 muertes de Marisela Escobedo” Si bien es la historia de una lucha que nunca se ganó, tiene un enfoque en el que se resalta la fortaleza de una madre que decide no bajar los brazos, no rendirse y darles vía libre a los delincuentes. ¡Admirable! No voy a hablar más de Marisela, porque ustedes van a encontrar mucha información y opiniones acerca de ella, yo quiero hablar de la persona que no se nombra y que fue clave...

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No puedo decir que me gusta escribir, porque es más que eso...

Desde niña, escribir, era un placer. Aunque me lo dieran de "tarea" recuerdo que me asombraba los "uh" de lamento de mis compañeros, cuando la maestra daba la instrucción. Esa tarea yo sí la completaba.

En la secundaria participé en un concurso de literatura. Me acuerdo que me tenía que inventar un pseudónimo y elegí "Solange" y además gané el concurso.

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Todo pasa, todo queda, pero lo nuestro es pasar

LAS PÉRDIDAS FORMAN PARTE DE LA VIDA

Cuando yo tenía entre 6 y 9 años, tenía una compañera en mi salón que padecía de una enfermedad y murió. Lo que más recuerdo de esa experiencia, es la charla con mi mamá caminando hacia la casa; ella trataba de explicarme qué significaba la muerte, lo empezaba a razonar, pero lo sentí cuando me dijo:

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El valor de decir la verdad

- ¡Tengo exactamente 3 veces 17 años!
Así le dije a mi hijo Ruan, cuando me quería hacer creer que la razón por la que no quería salir a caminar con el resto de la familia era para cuidar su tobillo y entonces se rió!

Muy a menudo cuestionamos a nuestros hijos adolescentes como si nosotros nunca lo hubiéramos sido alguna vez, todavía me acuerdo de muchas cosas y probablemente recordar cómo me sentía es más fácil que recordar una anécdota.

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No dejes de buscar la perfección, aunque no existe!

Cuándo me enseñaron que Platón afirmaba que la perfección no existe en este mundo, tuve que replantear mi existencia.

En mi familia, era común que encontraran el detallito que desvaloraba la acción que, la mayoría de las veces, tenía como propósito demostrarles que era perfecta, por supuesto era frustrante...

Así seguí, persiguiendo la perfección, pero no existía... ¿Cómo no frustrarme?

La perfección es una utopía que nos impulsa a hacer y dar lo mejor de uno mismo.

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Qué lástima, pero adiós!

No voy  llorar y decir...
Que no lo merezco,
Porque es posible que lo merezco pero no lo quiero y por eso, ¡Me voy!

¡¿Dónde estaban esas canciones cuando me casé por primera vez?!

Pero tampoco voy a quejarme, aunque más tarde de lo deseado, no le di los mejores años de mi vida, "Los mejores años de mi vida los sigo viviendo..."

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¿Ser empático con un villano, es de héroes?

Estaba esperando las palomitas cuando observé que hay una tendencia a que las películas tengan de protagonista al malo.

Incluso antes de empezar a ver "El guasón" le comenté a mi esposo:

"- Ahora queremos entender mejor a los malos"

Y adiviné bien, el mismísimo Guasón habla de la empatía en la escena más dramática de la película.

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Un abuelo con moraleja

Mi abuelo Felip tenía una agilidad mental a sus cerca de ochenta años increíble... jugábamos a la escoba del 15 y en la última ronda sabía perfectamente qué cartas teníamos mi abuela y yo, así que cuándo tardaba en jugar me contestaba; ¿Qué esperas? Usa la sota!

Y es que recordaba las cartas que habían salido y calculaba lo que quedaba.
Alguien con una habilidad así en la tercera edad era sorprendente, pero lo importante no es que seas inteligente, lo importante es para qué lo usas.

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