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Los voluntarios llamado "Los Topos"

4 min. de lectura

En una mañana como cualquier otra, el 19 de septiembre de 1985 a las 7:19 horas, los habitantes de la ciudad de México aprendieron el verdadero significado de la supervivencia.

Este fenómeno sismológico se suscitó a las 7:19 a.m. Tiempo del Centro (13:19 UTC) con una magnitud de 8.1 grados en la escala de Richter, cuya duración aproximada fue de poco más de dos minutos, El número de estructuras destruidas en su totalidad aproximadamente fue de 30 mil y aquellas con daños parciales 68 mil. La Torre Latinoamericana fue un caso excepcional de ingeniería pues este terremoto no le causó daño alguno.

El hospital Juárez, edificio de once pisos se había reducido a tres con una gran cantidad pacientes atrapados entre los escombros. Muchos de ellos, bebés recién nacidos.

Varias horas después del terremoto, el Presidente de la República Miguel de la De inmediato la población civil se organizó improvisando estaciones de auxilio.

La gente que podía donaba artículos y contribuía como le fue posible al esfuerzo de recuperación; esto incluyó mover piedras a mano, regalar linternas, cascos de protección, etcétera. Automóviles civiles se tornaron en vehículos de auxilio.

Líneas de personas movían medicamentos para ser inspeccionados y posteriormente ser suministrados. Las primeras acciones organizadas fueron realizadas por los grupos scouts de las localidades afectadas, mismas que fueron sostenidas durante varios meses con la atención de damnificados.

Cruces dibujadas con un color rojo sobre papel eran suficientes para identificar personal o locales de auxilio. Fue notoria la ausencia de una respuesta inmediata y coordinada de parte del gobierno de Miguel de la Madrid.

El propio presidente demoró tres días en dirigirse a la nación y tomó otro tanto en comprender la magnitud de la desgracia. Debido a la falta y la tardanza de acciones por parte del gobierno federal, la población civil tomó en sus manos las labores de rescate.

Eso implicó la auto-organización de brigadas, reforzadas especialmente por estudiantes de las carreras de medicina, ingeniería y ciencias. La UNAM, a pesar de no haberse visto afectada directamente, cerró sus puertas una semana suspendiendo clases para que los universitarios que así lo desearan pudieran integrase a las brigadas de rescate y ayuda.

También fue notable el hecho de que la policía y el ejército tardaron en hacer presencia y su labor inicial se limitó a "resguardar" los edificios destruidos.

Diversos países enviaron ayuda humanitaria a México, entre la que se encontraban: víveres, ropa, equipos de auxilio, material de primeros auxilios, casas de campaña con capacidad para instalar 50 personas, equipos de supervivencia, potabilizadores de agua y diversos materiales más.

Versiones extraoficiales indican que la mayor parte de dicha ayuda fue acaparada por miembros del gobierno de Miguel de la Madrid y no fue entregada a los socorristas de la Cruz Roja Mexicana o a la población que estaba debidamente organizada. Grupos de artistas llevaron a cabo funciones benéficas y reunieron víveres y medicinas para ayudar "a nuestros compatriotas en desgracia".

Los reporteros del periódico El Universal, en sus recorridos por los albergues de las zonas afectadas por los sismos, vieron a actrices y cantantes como Yuri, Lilia Prado, Talina Fernández, Jeanette Arceo, María Medina, Ofelia Cano, Gloria Mayo, Rosenda Bernal, Pilar Pellicer, Columba Domínguez y Gloria Mestre ayudando a sus semejantes.

Los habitantes de la ciudad de México no se quedaron esperando la ayuda del gobierno, de a miles se lanzaron al rescate, los llamaron "Los Topos"; voluntarios que sin herramientas, se abrieron camino entre los escombros en busca de sobrevivientes, "extraños que arriesgaban sus vidas para salvar a otros extraños".

El gobierno reportó el fallecimiento de entre 6 y 7 mil personas e incluso llegó a suponer que la suma final fue de 10 mil. Sin embargo, años después con la apertura de información de varias fuentes el registro aproximado se calculó en 35 mil muertos aunque hay fuentes que aseguran que la cifra rebasó los 40 mil muertos. Uno de los miles de voluntarios, fue Marcos Aguiñaga a quién le apodan "La Pulga", quién ayudó a salvar a 27 personas.  

En el hospital Juárez había varias cunas con bebés recién nacidos y se habían derrumbado desde el décimo piso hasta el nivel del suelo, algunos de los bebés estaban llorando, deshidratados, algunos otros estaban atrapados. La mayoría murió.

Los voluntarios llamados "topos", continuaban encontrando a los vivos entre los muertos. Guiados por los gritos, se habrían camino entre los escombros acercándose cada vez más a las víctimas, a medida que las horas pasaban, las víctimas iban siendo rescatadas de los escombros. Al caer la noche, miles de voluntarios acampaban en las calles, muchos de ellos temerosos de los temblores que se producen luego de los grandes terremotos.

Especialistas extranjeros en tareas de rescate llegaron a la ciudad de México. Los perros entrenados y los dispositivos de alta tecnología que ellos traían ayudarían a salvar vidas. Los trabajadores en la noche buscaban sobrevivientes entre las grietas que dejan los escombros.

Para quienes estaban sepultados vivos y para los que se deslizaban entre las ruinas buscando sobrevivientes, ocurrió lo peor que podría ocurrir....a las 7:56 p.m. el segundo gran terremoto con magnitud de 7.6. Los hospitales atestados de victimas del primer terremoto se convierten en una pesadilla de confusión y temor. Cerca de la media noche, el país presencia por medio de la televisión un drama conmovedor que se desataba en las ruinas del hospital general: un bebé diminuto y frágil, milagrosamente suspendido en una grieta de hormigón, aún respiraba luego de haber estado atrapado durante 40 horas, los equipos de rescate franceses y mexicanos colaboran sin pausa para liberar al bebé, podían tocar su cuerpo frío pero no lograban rescatarlo, un movimiento en falso u otro temblor podría aplastarlo. Había sobrevivido al derrumbe de un edificio, a las noches frías y a la falta de alimento y agua, finalmente casi dos días después de su nacimiento el niño vuelve a nacer de las ruinas del hospital general.

Al rescatarlo, todos los asistentes emocionados aplauden por esa victoria y continúan adelante. Les llevó casi diez horas liberar al recién nacido, los voluntarios mexicanos y franceses se hallan exhaustos pero felices, el bebé estaba a salvo, fue uno de los recién nacidos a los que llamaron "los milagros", algunos incluso sobrevivieron hasta 9 días antes de ser rescatados.

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