Pasar al contenido principal

Tú, él, ella, nosotros, ellos, yo... Todos...

Tú, él, ella, nosotros, ellos, yo... Todos...
2 min. de lectura

 Estoy trabajando en un proyecto web de un portal del gobierno, en la sección del DIF donde mencionan los programas para mamás solteras entre 12 y 19 años y niños que trabajan en la calle no puedo evitar la necesidad de involucrarme más… Sin embargo, no es la primera vez que sé que existe esta realidad, pero el día a día te lleva por el camino que evita mirar hacia ellos. ¿Por qué pretendemos de los demás más de lo que nosotros damos?
No me quejaré de los demás, tampoco me flagelaré, es cuestión de evolución hacia un entendimiento mejor de nosotros mismos, dejar de medir la evolución con criterios materiales para pasar a entender que evolucionar es elevar el espíritu, y entender que un individuo es parte de un TODO, cuando nos demos cuenta que todos somos uno sólo, entenderemos realmente que la palabra “egoísmo” no tiene razón de existir, pues el mal ajeno es mi mal también, me afecta en todos los sentidos, porque todos estamos relacionados directa o indirectamente, seres humanos, seres vivos, agua, aire, TIERRA…

Todos somos una sola cosa, todos dependemos entre nosotros. Creo en esta evolución espiritual. Todo está encaminado a que poco a poco despertemos de este estado catatónico, nos permitiremos sentir lo que sucede a nuestro alrededor y nos involucraremos de forma consciente para encaminar las energías hacia un bien común, hacia un bien que nos hará mejores a todos y cada uno de nosotros. ¿Dónde? ¿Cómo? No es importante, sólo debemos actuar allí, donde se presente y cuando aparezca. Esto me recuerda la semana pasada; estábamos esperando a pagar la cuenta en la puerta de un restaurant y un niño se cayó, solamente oí un ruido seguido por su llanto, estaba a un metro de distancia de mí y de otras tantas personas, me dolió y en principio no me animaba a involucrarme, pensando que tal vez pudiera ofender a la persona que acompañaba al niño, o que alguien pudiera mal interpretar mis intenciones, pasaron algunos segundos, tal vez hasta unos minutos y rompí mi propia limitación, me acerqué, me arrodillé, y le pregunté dónde le dolía, me señaló su pierna y lo acaricié fuerte como masajeando, igual que mi mamá y abuela hacían, para que deje de doler y evitar el hematoma, le pregunté cómo se golpeó, para que se desahogara un poco y le pregunté si ya se sentía mejor, se notaba que sí, pues ya estaba dejando de llorar, entonces me levanté y con voz de ánimo le dije, “entonces ya está, vamos… “. Se fue rápido con quien lo acompañaba, y me sentí mucho mejor. No lo hice sólo por el niño, realmente necesitaba hacerlo para mí, para mis hijos que en ése momento tampoco estaban conmigo, igual que él y su madre. Tómate un tiempo de reflexión y date cuenta como todos somos parte un TODO.

Añadir nuevo comentario

HTML Restringido

  • Etiquetas HTML permitidas: <a href hreflang> <em> <strong> <cite> <blockquote cite> <code> <ul type> <ol start type> <li> <dl> <dt> <dd> <h2 id> <h3 id> <h4 id> <h5 id> <h6 id>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.