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Yo soy mujer y soy muy Berga

3 min. de lectura

 Hoy interrumpí la clase de mi hijo de 9 años para dejarle algo que se nos olvidó, este hecho aparentemente al azar, fue el disparador para volver a valorar las virtudes de su maestra, porque se acercó rápido aprovechando el encuentro para aclararme lo que había sucedido el día anterior… Pero antes los pongo en antecedente: Mi hijo nació en Argentina donde se acostumbra registrar un solo apellido, el del papá, por esa razón sólo tiene un apellido, acá en México es extraño y el día de ayer su maestra conoció el apellido materno de mi hijo que no figura en su lista, entonces espontáneamente le dijo a León que era mejor así… ¿Por qué? La respuesta es el título de este post: Yo soy muy Berga.

La maestra de mi hijo cuando me vio acercarme, consideró oportuno darme sus explicaciones, y me dio gusto, porque vi en ella una persona que muy pocas encontré, una persona que sabe que el apellido tiene un valor importante en la autoestima de cada persona. El hecho de que mi hijo no lo use en sus documentos es fortuito, ella lo vio beneficioso y se disculpó por eso. ¡Está muy bien, todos debemos enorgullecernos de nuestros apellidos, en el apellido de una persona está su carácter, sus genes, su idiosincrasia y debe ser siempre muestra de orgullo y respeto! Sin embargo mi hijo no me había contado nada, ayer sólo se habló del 10 que obtuvo de calificación en su examen de Ciencias Naturales.

Eso es genial, eso me confirma que es mejor que la energía de mi hijo esté enfocada en su progreso personal y no en enfrentar una sociedad que evoluciona muy poco a poco… un millar de veces en 42 años de vida tuve que manejar la carga de emociones negativas cuando alguien se burlaba de mí, y aunque aprendí mucho de cómo canalizar las energías, cómo defenderme y a cómo ignorar a quien no tiene la capacidad de ver más allá de la impresión que le produce la fonética de mi apellido, yo prefiero que mi hijo ocupe sus energías con otras prioridades. De haber sido yo, no hubiera vuelto a casa orgullosa de mi calificación y motivada a estudiar para el siguiente examen.

No es queja, es la vida que me tocó porque me enseñó a ser una mujer diferente a las de mis compañeritas con apellidos más digeribles, me enseñó a sentir orgullo de mis antepasados, a conocer mi árbol genealógico y sentirme parte de un todo con una razón de ser…  En fin! Soy muy BERGA y sigo sintiendo orgullo de esto en cualquier país de América que resulte como resulte. En parte los entiendo, ahora que vivo en México, pedir una Concha para comer, es algo extraño cuando habiendo crecido en Argentina. Mi experiencia con el apellido, sin duda, me ayudó a ser más cuestionadora, más cuidadosa de los significados de cada palabra y emoción.
Y la mejor manera de demostrarles esto es un ejemplo: Hace un tiempo, mi esposo estaba buscando una camisa que quería ponerse desde hacía tiempo y no estaba planchada, sin acusarme directamente, se quejaba de su suerte, entonces sentí vergüenza, porque educada en esta sociedad machista donde mi abuela era la más ferviente defensora de los abusos machistas, me sentía única responsable del estado de su camisa.

- La verdad me da vergüenza…
Analicé en décimas de segundo todos mis sentimientos y significados de las cosas y entonces corregí en mi cabeza el final de la frase.
- La verdad me da vergüenza que me sienta mal por tu camisa, asumiendo el rol de que yo soy la única responsable.
No se lo dije violentamente y ambos nos salimos del encasillamiento social.

Somos una pareja que evoluciona día a día, me siento orgullosa también de eso. Mi esposo es un hombre que vivió muchos años sólo antes de conocerme y es otro motivo por lo que me enamoré de él, es independiente para ocuparse de ésas cosas con las que mi abuela limitaba a sus hijos, aunque también está impregnado de la cultura machista con la que nos enfrentamos a diario mujeres y hombres, una cultura que pone al hombre bajo una presión que tampoco es justa. En el día contra la violencia a la Mujer es muy útil que nos veamos mejor a nosotras mismas, que reconozcamos nuestro poder para poner la cosas en su lugar, acomodar sentimientos y prejuicios justo donde deben estar cuando tenemos actitudes cotidianas, y es la mejor manera de revolucionar una sociedad. 

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